Desde lo particular, se puede decir que en el amor a un hijo influyen la cultura, el momento en que llegan al mundo, el sexo del bebé, la experiencia que hemos tenido como hijos, y la relación también varía entre padre y madre. Desde lo general, hay coincidencia en que es el único amor que dura para siempre y el que se encuentra disponible y atento en todos los momentos de la vida.
De acuerdo con Milton Eduardo Bermúdez Jaimes, director del laboratorio de psicología de la Universidad Javeriana, la experiencia del amor hacia los hijos es quizá una de las emociones más grandes que un hombre y una mujer pueden experimentar, pero es, ante todo, una emoción que tiene su origen tanto dentro de la socialización como en un contexto cultural particular.
“Contrario a lo que se creía hace algunos años, el amor, junto con otras emociones complejas, no son necesariamente fenómenos biológicos o de programación genética, por lo cual no todos los humanos tienen el impulso de demostrar amor a sus hijos. Estudios transculturales muestran que los sentimientos no son iguales, por eso no es equivocado pensar que si uno cambia de cultura, también cambiarían las formas de manifestar ese amor hacia los hijos”, asegura el experto.
Articulo tomado de ABC del Bebe
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